
Si uno pensará desde la participación de los afiliados en las elecciones del Partido Justicialista de San Miguel diría que es una elección menor, pero las acciones suben cuando se entiende la trama de fondo y de la que hablamos hasta el hartazgo.
Hoy la presidencia está en manos de Juan José Castro, Juanjo. Juanjo también es concejal y volvió a renovar encabezando la lista en las últimas legislativas cuando, con habilidad, tejió acuerdos, ganó territorios pedidos por el entonces candidato más fuerte (Franco La Porta) y torció la voluntad de quienes querían ir primeros en la lista. “Me lo gané”, había dicho en su momento el ex FOGABA.
Ahora bien, y extrañamente, el periodista Sebastián Dumont se preguntó hace unos días algo que venimos poniendo sobre la mesa de manera honesta y sin ningún tipo de interés: ¿Se meterá en la elección el municipio? Si bien la pregunta del periodista cercano a la gestión Cariglino no es casual ni inocente, es válida.
La respuesta es: sí, siempre.
Con la banca de Castro asegurada, “la trova axelista” preparó con elegante paciencia la contraofensiva con el funcionario provincial Santiago Fidanza, la joven funcionaria bonaerense Bernarda Meglia y el detractor más intestinal del “juanjismo”, si es que eso existe: el ex concejal y sindicalista Javier Pérez, quien dice abiertamente que “Castro es de Joaquín de la Torre”.
Ahora bien, esta elección tiene condimentos risueños, hasta simpáticos, cuando vemos la campaña casa por casa como una elección nacional: golpeando las manos en las casas o dando charlas a vecinos como si todos fueran afiliados. Para descostillarse.
Por otro lado, “los atentados y pillerías” son otro atractivo, como la utilización de medios provinciales que no mira nadie en estos pagos, la difusión de audios con confesiones de arreglos económicos, imágenes de reparto de electrodomésticos. Todo un mundo de una elección que, si la viéramos desde Saturno, pensaríamos que se trata de la presidencia mundial.
Aunque cueste leerlo, el municipio jugó y juega siempre en las elecciones. Algo común en todas las gestiones, no solo en la de San Miguel. El control opositor es fundamental. Es política.
Hay tres listas: la del Gallego Fernández, vendida como la lista de Cristina, de Peronismo Popular e impulsada por La Cámpora. Además, es consuegro de Joaquín de la Torre.
“Mientras Joaquín tenga acuerdo con Cristina en San Miguel no se va a ganar nunca”, reveló en su momento un referente de la política.
Por otro lado está la lista de Juanjo Castro, con un lugar político en la provincia, concejal y actual presidente del PJ, señalado por los propios joaquinistas como “el mejor pago”. No me consta.
“Quiero seguir siendo el presidente del PJ”, dijo visiblemente preocupado.
La tercera lista es la de Fidanza, quien denuncia persecución municipal y señala a la lista de Castro como la apadrinada por el oficialismo. El encargado de hacerlo es Javier Pérez. Es la lista pura de Kicillof y muestra su poderío económico para ir por el Partido. Incluso esto hizo que Castro y La Porta volvieran a mostrarse juntos después de años.
La verdadera batalla es la que no se ve, la que está en las entrañas: la pelea por ver quién es el opositor más fuerte para negociar con el oficialismo. Y está bien, es política.
Nada nuevo bajo el sol.
