
Mientras se negocia si los intendentes podrán volver a tener reelecciones indefinidas, en San Miguel Jaime Méndez cumplió diez años al frente del municipio, luego de reemplazar a Joaquín de la Torre cuando desembarcó, por entonces, en el gabinete de María Eugenia Vidal.
Fue el propio De la Torre quien, en aquel momento, aseguró que «Jaime será mejor intendente que yo». Hace apenas unos días redobló la apuesta al afirmar que, incluso, es el mejor intendente de toda la región.
Desde entonces, Méndez construyó su gestión sobre dos pilares taquilleros: la obra pública —incluida la del San Miguel profundo— y la seguridad, el área mimada del gobierno local.
Con esas coordenadas impresas como un catecismo y bajo la conducción política de De la Torre, el oficialismo surfeó todos los climas políticos. Instaló la «joaquinización» de las campañas, apeló a todos los recursos electorales conocidos y, con una gestión territorial descentralizada, ganó todas las elecciones, incluso revirtiendo escenarios adversos.
Pero la realidad política de hoy es otra. Enfrente aparece una trova axelista encabezada por sindicalistas, dirigentes barriales y funcionarios provinciales que no se dejaron seducir por las marquesinas oficialistas ni por la comodidad de jugar un papel secundario.
Con la derrota de Castro y el parricidio político de La Porta, la disputa local ya no pasa únicamente por el territorio: hoy la batalla es por el control de la agenda y la instalación de temas en las redes sociales. Un terreno que el municipio conoce y explota desde hace años gracias a la denominada «experiencia San Miguel» y a un fuerte sentido de pertenencia que, para una parte importante de la comunidad, termina validando prácticamente cualquier iniciativa oficial.
Sin embargo, del otro lado la oposición empezó a afilar su presencia. El ecosistema digital que durante años construyó el oficialismo comienza a mostrar fisuras y deja penetrar discursos que antes difícilmente encontraban lugar en una conversación casi monopólica. En ese escenario, los tradicionales medios «locales» de San Miguel quedaron relegados: ya no participan del debate público con la influencia de otros tiempos y, para muchos, pertenecen a otra época.
Las lluvias de las últimas horas dejaron una muestra interesante de esta disputa por la agenda. Varias cuentas de noticias apócrifas instalaron rápidamente las complicaciones que el temporal provocó en distintos barrios. El tema escaló. Sin embargo, el equipo de Jaime Méndez respondió con inteligencia, algo que otros municipios suelen optar por negar o silenciar.
Funcionarios y equipos de Obras se acercaron a una de las esquinas donde aún persisten problemas de acumulación de agua y, lejos de buscar excusas, reconocieron la situación. Además, anunciaron que hacia fin de año comenzarán las obras necesarias para resolverla y explicaron, con detalle, cómo será la intervención.
En tiempos donde la pelea política también se libra en los algoritmos, la velocidad para reconocer un problema y apropiarse del relato puede ser tan importante como la obra misma. Porque, al final del día, la gestión también compite por algo más intangible: el control de la agenda.
