Escuchar esta noticia
Powered by Estudios Max
x1

No fue un mal día. Fue un día de mierda.
Repartidor, lluvia torrencial, frío que corta la cara, la moto rota y la billetera vacía. Ni un viaje, ni un mango. Nada.
Y como si faltara algo… cayeron los rastreros.
“No tengo un mango, se me rompió la moto…”, intentaba explicar, empapado, temblando, agotado.
Del otro lado, la miseria de siempre:
“Pegale un tiro”, tiró uno. Así, livianito. Como si la vida no valiera nada.
No era bronca. Era impotencia. Era un laburante contra todo.
Por esas cosas que nadie entiende, lo dejaron ir.
